Los encuentros inesperados en tierras del oso
May 13, 2026
Observar fauna salvaje siempre tiene un componente imposible de predecir. Puedes preparar una actividad durante semanas, estudiar movimientos, revisar rastros, conocer querencias y horarios… y aun así, la naturaleza termina sorprendiéndote cuando menos lo esperas.
Y quizá eso sea lo más bonito de todo. Lo que más nos apasiona como guías.
En nuestras últimas jornadas de campo, en los entornos de Somiedo (en Asturias), vivimos precisamente esa sensación una y otra vez. Momentos inesperados que aparecieron sin buscarlos y que acabaron convirtiéndose en recuerdos imborrables: un tejón dejándose ver al atardecer mientras hacíamos una espera, capturando invertebrados que llevarse a la boca. Una pareja de lagartos verdinegros tomando el sol entre las rocas, algo atípico para la época de mayo en la que nos encontramos en las zonas montañosas de Somiedo. O la aparición inesperada de una osa en una zona donde nadie la tenía localizada, mientras compartíamos un bonito rato entre alumnos.

Porque la naturaleza no entiende de planes cerrados.
A veces lo que queda grabado no es únicamente el avistamiento, sino todo lo que ocurre alrededor: las conversaciones durante las rutas, las risas compartidas en las esperas, el silencio colectivo cuando el paisaje obliga a detenerse, los atardeceres y amaneceres en la montaña, la niebla entrando por los valles, o la emoción de aprender a interpretar pequeños detalles del entorno que antes pasaban desapercibidos. Cómo esa flor que solo se encuentra en aquellas zonas dónde no llega la directa luz del sol, o ese diminuto caracol que viven en la cumbre más alta del paisaje verde más espectacular.

Eso es lo que realmente buscamos transmitir en nuestras actividades.
Más allá de las especies emblemáticas, nos interesa enseñar a observar el ecosistema como un todo, aprender a leerlo y disfrutarlo con calma. A interpretarlo. Y a transmitirlo. Que cada alumno se lleve no sólo fotografías o listas de especies, sino una forma distinta de mirar la naturaleza y que entienda que el verdadero valor está en respetar y comprender los procesos naturales, sin forzar.

Porque muchas veces el mejor momento del día no aparece en ninguna cámara. Ni es la mejor espera posible, ni tiene las mejores observaciones. Quizás lo que tenga es simplemente la compañía mutua de los compañer@s que disfrutamos el campo.

Nos sentimos enormemente afortunados de compartir estas experiencias con personas tan implicadas y apasionadas, creando conexiones reales entre compañeros, paisajes y fauna salvaje. Y al final, eso es lo que más nos define: aprender juntos, emocionarnos juntos y seguir descubriendo que el monte siempre guarda sorpresas para quien sabe caminarlo despacio.

Gracias por formar parte de ello. ¡Y gracias por hacer otra nueva edición del oso en 2026 inolvidable para nosotros!
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